Uno de los mayores problemas que Justiniano tuvo que abordar en relaciA A n con su polA A tica religiosa es el referido a la cuestiA A n monofisita, de la que tratamos en el CapA A tulo II del presente estudio, titulado La controversia de los Tres CapA A tulos, donde se analizan con esmero una serie de acontecimientos que llevaron al Papa y al Emperador a posicionamientos enfrentados y que desembocA A en un nuevo Concilio V celebrado en el aA A o 553 en la capital del Imperio. que, a nuestro juicio, no cerrA A adecuadamente las heridas abiertas en la corriente monofisita, ni en la doctrina catA A lica, ni impidiA A el cisma de parte de algunas Iglesias occidentales, como tendremos ocasiA A n de constatar en el CapA A tulo III. El edicto de los Tres CapA A tulos, promulgado por Justiniano en el aA A o 543, o 544, es una de las consecuencias de la disputa cristolA A gica habida entre el nestorianismo (o difisismo) -que defiende la radical separaciA A n entre las naturalezas divina y humana de Cristo- y el monofisismo -que sostiene que la naturaleza humana y la naturaleza divina de Cristo se confunden en una sola, como uniA A n hipostA A¡tica de Dios y el Verbo. Tras algunos fallidos intentos de reconciliaciA A n entre ambas posturas, como la celebraciA A n de diversos SA A nodos y Conferencias, o la promulgaciA A n en el aA A o 482, por ZenA A n, de un decreto de unificaciA A n, conocido como Henotikon, Justiniano promulgA A el edicto de los Tres CapA A tulos, por el que se condenaban los escritos de tres Obispos nestorianos: Teodoro de Mopsuestia, Teodoreto de Ciro, e Ibas de Edesa. Dicho edicto tenA A a como finalidad atraerse a los monofisitas y acercar a los cristianos no calcedonianos hacia la ortodoxia calcedoniana, pero los catA A licos consideraron que la adhesiA A n a la condena de los Tres CapA A tulos comprometA A a los dictados del Concilio de Calcedonia, por lo que las reacciones no se hicieron esperar. Ante tal situaciA A n el entonces Papa -Vigilio- se abstuvo de suscribir el edicto. Por su parte, los monofisitas tampoco estimaron conveniente alinearse con la posiciA A n imperial, que interpretaron como un ataque a su doctrina.