Las reflexiones de toda una vida en la MasonerA A a. Amando Hurtado es probablemente uno de los masones espaA A oles con mayor reconocimiento mundial.
Es habitual definir la MasonerA A a como una Fraternidad universal. A continuaciA A n suelen aA A adirse multitud de palabras o frases adjetivas, en funciA A n del conocimiento y de la intenciA A n de cada analista. Se oye y se lee de todo en torno a la MasonerA A a.
Lo que desea el autor de este libro es destacar que la propuesta masA A nica esencial consiste en un mA A todo de desarrollo de la conciencia personal tan antiguo como perenne: el simbolismo. Se subraya, al mismo tiempo, que el ideal humanista masA A nico requiere de un aprendizaje iniciA A¡tico inseparable de la relaciA A n fraternal con los demA A¡s miembros de su Logia, que simbolizan a toda la Humanidad. SerA A¡ la Humanidad la que avance en su evoluciA A n a travA A s del desarrollo perfeccionador de sus individuos.
Los procesos mentales humanos se activan estableciendo analogA A as ideales a partir de una pluralidad de signos, de naturaleza diversa, que se convierten por ello en sA A mbolos. Simbolistas son todos los desarrollos culturales. Pero algunas definiciones acadA A micas del sA A mbolo se acercan demasiado a la idea de alegorA A a o a la de metA A¡fora. Por ello, se ha dicho que el sA A mbolo confunde e incluso anula lo simbolizado cuando se le atribuye un valor concreto o dogmA A¡tico. No es eso el sA A mbolo masA A nico, ciertamente. Para serlo ha de poder inducir la resonancia A A ntima de la que hablaba Carl Jung.
Los especialistas en el estudio del neurosistema han dicho que la vida es, en sA A misma, cogniciA A n. No se aprende con el cerebro, ni hay aprendizajes lineales o racionales a la manera cartesiana. No son los datos percibidos, sino su efecto en nuestro sistema, mediante el enlace con todo lo demA A¡s que hay en nosotros, lo que puede servirnos para orientar nuestras acciones. Lo que llamamos vida es una actividad resultante de la cogniciA A n en cadena, iniciada a partir de las molA A culas, los tejidos y los A A rganos de nuestro cuerpo. Todo es interactividad en nuestro microuniverso corporal, como lo es en el macrouniverso cA A smico.
La apertura de la mente, activada por nuestras resonancias A A ntimas, nos permite pasar de lo concreto a lo abstracto, o de lo inmanente a lo transmanente, desarrollando primero una conciencia individual, para entrar a considerar el mundo circundante en sus diversas manifestaciones y despuA A s acceder a otros planos de expansiA A n del conocimiento. Tal es el esquema estructural tripartito de lo que se ha llamado siempre iniciaciA A n. El mA A todo iniciA A¡tico masA A nico permite acceder a una forma de conocimiento constructivo mediante dramatizaciones rituales.
Como es sabido, de la antigua masonerA A a medieval de los constructores de edificios deriva la MasonerA A a moderna del pensamiento, que se gestA A en la Europa del siglo XVII y se institucionalizA A como Orden en el XVIII. En ella dejaron impronta, naturalmente, las corrientes humanistas del Renacimiento y las de la IlustraciA A n, que conjugaban racionalidad y espiritualidad. El sistema masA A nico de pensamiento permanece constantemente abierto a la evoluciA A n del conocimiento humano por ser, ante todo, un mA A todo de anA A¡lisis.