Los hombres no tienen sentimientos de amor y de odio, de culpa y agradecimiento, de esperanza y de temor, de ira y de gozo, como tienen hígado y pulmones, estómago y cerebro, bazo y tiroides, ni tampoco como tienen pies y manos. Los sentimientos primero fueron fuerzas sobrenaturales, poderes sagrados, luego atributos divinos, mas tarde dioses personalizados, en una fase posterior elementos de la naturaleza humana, y finalmente raíz y clave de la humanidad. La razón es atemporal, universal, impersonal, pública. La persona es temporal, singular, íntima y autoconsciente, como los sentimientos. Los sentimientos son la autoconciencia de los diferentes momentos de la existencia temporal en su singularidad irrepetible. Son los sentimientos, más que la razón, los que construyen, desde la antropofagia paleolítica hasta el holocausto postneolítico, la unidad de la comunidad humana, la unidad de sus valoraciones, aspiraciones, remordimientos y nostalgias, es decir, la unidad ética del género humano.