Un niño pasa una larga temporada en la cama porque le han detectado una mancha en el pulmón, aviso de tuberculosis. Los familiares, solícitos, lo cuidan, le cuentan historias y le regalan libros. El niño imagina, fantasea, se adentra en el reino de la fi cción. Con el tiempo, ese chico se convertirá en un fabulador: el cineasta y desde hace unos años, notabilísimo escritor Manuel Gutiérrez Aragón, que ahora nos presenta sus memorias. Aparecen en estas páginas la infancia cántabra y el almacén familiar, Santander en la guerra y la posguerra, con aquel barco-prisión fondeado en la bahía, el colegio y la iniciación sexual. Y después el salto a Madrid, la militancia política, el paso por la Escuela de Cine y el rodaje de su primera película, Habla, mudita, en los gélidos Picos de Europa con José Luis López Vázquez.