Lo que fue hasta los años 90 del siglo pasado un pensamiento dogmático burocratizado que se decía marxista y que se producía en los aledaños del Poder de lo que se ha llamado el socialismo real (para el cual todo pensamiento crítico sobre el mismo marxismo era revisionista , en el sentido de traidor a aquel pensamiento oficializado), dejó en parte de la izquierda intelectual un legado presuntamente autocrítico bajo la forma de un pensamiento débil , cuando no decididamente reaccionario. El pensamiento débil es una renuncia (por miedo al dogmatismo) a un pensamiento verdadero, y ¿por qué no fuerte , que fuera capaz de oponerse a los dictados del pensamiento único , producido, subvencionado e impuesto bajo la cobertura militar del Imperio. El autor de este libro nunca fue un escritor dogmático, como lo acreditan sus libros, y ahora no tiene reparos en reclamar con fuerza ¿será posible una unidad de pensamiento en la que confluyan, desde sus propias autonomías, la filosofía, la ciencia y el arte, como enérgica réplica contra la colonización de la sensibilidad y la inteligencia por el magno aparato, económico, político y militar, del Imperio. Contra la forzada homogeneización contra la mala unidad de las culturas, se alzaría la buena unidad de la dialéctica como un pensamiento fuerte en el que lo múltiple y vario convive y fructifica.